2016-11-25 Havanna, Cuba / Enough of the Illusion / Genug der Illusion / Chega de Ilusão / Basta ya de la Ilusión

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His activism in pursuit of a fairer and just World made Castro a symbol of resistance and inspiration to people across the World, in Latin America, Africa and beyond. Castro left a major imprint on his country and global politics and was deeply concerned about the future of humanity and the challenges of our times until his last days.

Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares.

Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia.

No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos.

Fidel Castro Ruz was born August 13th of 1926, in eastern Cuba’s sugar country, where his Spanish immigrant father worked. He attended Jesuit schools, then the University of Havana, where he received law and social science degrees.

His life as a rebel began in 1953 with a reckless attack on the Moncada military barracks in the city of Santiago. Most of his comrades were killed and Fidel and his brother Raul went to prison. Freed under a pardon, Castro fled to Mexico and organized a rebel band that returned in 1956.

After losing most of his group in the landing, he rallied support in Cuba’s eastern Sierra Maestra mountains. Three years later, tens of thousands spilled into the streets of Havana to celebrate Batista’s downfall and catch a glimpse of Castro as his rebel caravan arrived in the capital on January 8th, 1959.

The U.S. was among the first to recognize his government, trusting Castro‘s early assurances he merely wanted to restore democracy and not install socialism but within just a few months, he was imposing radical economic reforms.

The revolution thrilled millions in Cuba and across Latin America who saw it as an example of how the seemingly arrogant Yankees could be defied. And many Cubans were happy to see the seizure of property of the landed class, the expulsion of American gangsters and the closure of their casinos.

As Castro moved into the Soviet bloc, the U.S began working to oust him. The U.S. government imposed a trade embargo, banning virtually all U.S. exports to the island except for food and medicine, and it severed diplomatic ties on January 3rd, 1961.

On April 16th, Castro declared his revolution to be socialist, and the next day, 1,400 Cuban exiles stormed the beach at the Bay of Pigs on Cuba’s south coast. But the CIA-backed invasion failed. The debacle forced the U.S. to give up on the idea of invading Cuba.

The biggest crisis of the Cold War exploded on October 22nd, 1962, when President John F. Kennedy announced there were Soviet nuclear missiles in Cuba and imposed a naval blockade of the island.

Humankind held its breath, and after a tense week of diplomacy, Soviet leader Nikita Krushchev removed them. Never had the World felt so close to nuclear war.

Castro exported revolution to Latin American countries in the 1960’s, and dispatched Cuban troops to Africa to fight Western-backed regimes in the 1970’s. Over the decades, he sent Cuban doctors abroad to tend to the poor, and gave sanctuary to fugitive Black Panther leaders from the U.S.

But the collapse of the Soviet bloc ended billions in preferential trade and subsidies for Cuba, sending its economy into a tailspin. Aided by a tourism boom, the economy slowly recovered and Castro reasserted government control, stifling much of the limited free enterprise tolerated during harder times.

By the time Castro resigned 49 years after his triumphant arrival in Havana, he was the World‘s longest ruling head of government, aside from monarchs. Cuban state television announced that Castro had died on the night of 25th of November 2016.

Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la Humanidad.

¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos, para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años, para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres, para que otros sean exageradamente ricos? Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan. Hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas, hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y a la dignidad humana.

Unos países poseen, en fin, abundantes recursos. Otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de éstos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo?

 No se puede hablar de paz en nombre de decenas de millones de seres humanos que mueren cada año de hambre o  enfermedades curables en todo el mundo. No se puede hablar de paz en nombre de 900 millones de analfabetos. La explotación de los países pobres por los países ricos debe cesar.

Sé que en muchos países pobres hay también explotadores y explotados. Me dirijo a las naciones ricas para que contribuyan. Me dirijo a los países pobres para que distribuyan. ¡Basta ya de palabras! Hacen falta hechos. ¡Basta ya de abstracciones! Hacen falta acciones concretas. ¡Basta ya de hablar de un nuevo orden económico internacional especulativo que nadie entiende! Hay que hablar de un orden real y objetivo que todos comprendan.

No he venido aquí como profeta de la Revolución, no he venido a pedir o desear que el mundo se convulsione violentamente. Hemos venido a hablar de paz y colaboración entre los pueblos. Y hemos venido a advertir que si no resolvemos pacífica y sabiamente las injusticias y desigualdades actuales, el futuro será apocalíptico.

El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos. Y, en el holocausto, morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo.

Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era, esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además. la premisa indispensable de la supervivencia humana.

Muchas gracias.

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